Quebrantadores de la libertad de expresión

Estamos viviendo tiempos complicados, el acceso a la información por parte de todos conlleva a reacciones diversas. Dependiendo lo que digas o publiques a la luz pública puede llevar a ciertas connotaciones sociales, políticas, religiosas, etc. Las líneas editoriales de cada medio dictamina qué camino ha de seguirse y nadie puede desviarse del rumbo marcado.

Hace pocos días hemos tenido ejemplos de las consecuencias de publicar o de realizar determinados comentarios. El primero de ellos ha sido la decisión de la dirección de La Vanguardia de suprimir un texto de Gregorio Morán que estaba previsto salir en su columna habitual de todos los sábados, pero claro tocar un tema tan espinoso como la secesión, nacionalismos e independentismo en un periódico como el citado anteriormente cuando las ideas del columnista son diametralmente opuestas a la firma editorial del medio, conlleva profanar la libertad de expresión del mismo cuando desde la cúpula mantienes no publicarlo. Allá cada cual, pero resulta curioso como mucho de esas plumas que se postulan en favor de la libertad de prensa y de expresión, cuando tocan esa herida recalcitrante de la sociedad catalana, entonces se cambia de postura. Lo mismo ocurre con otros temas de rabiosa actualidad.

Un asunto parecido ocurre cuando entras dentro del oscuro mundo de las religiones y los fanatismos exacerbados. Hay que ver como a día de hoy está bien visto criticar determinados aspectos de la Iglesia, cristianismo o sus jerarquías–del que un servidor está de acuerdo–, pero en cambio si tocas el tema del Islam, entonces todas esas voces disconformes cambian de opinión en este último caso. Es lo que tiene el “buenrrollismo” que se lleva hoy día, el miedo a determinadas estructuras sociales o lo que sea. El ejemplo lo tenemos con lo que le ha pasado a Richard Dawkings sobre un evento que tenía en Berkley. Lo peor de este asunto ya no es que puedas tener una postura crítica hacia una determinada rama religiosa, es que la gente y las masas confunden términos, no tiene comprensión sobre lo que ocurre y es lo que dice Dawkings en su carta a la estación de radio KPFA: una cosa es realizar un comentario o discurso ofensivo al Islam y otra muy distinta al “islamismo”, a una corriente determinada, a los fundamentalismos más radicales. Es lo de siempre, falta de base educacional en las formas y desarrollo de casi todos.

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Acerca de Juani

Una persona absolutamente normal, que aunque no describa mucho, en defintiva lo es.
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